Estoy encantado y agradecido de que estés aquí, interesándote por NOSOTROS. Supongo que te sorprenderá que te reciban con una carta (no parecen tiempos para ellas, ¿verdad?). Lo cierto es que la estás leyendo, y que lo haces a través de un soporte digital, lo cual es una buena metáfora de la evolución que ha sufrido la comunicación en estos últimos 30 años. Exactamente los que cumple nuestra empresa.
A los que ya nos conocen, les habrá extrañado que iniciemos esta nueva etapa con la marca CONSISTENTE BAPCONDE. Así es. Este año del treinta aniversario hemos añadido la palabra CONSISTENTE a nuestro logo, tanto para homenajear el pasado (quizá sea el término que con más precisión define nuestro tipo de trabajo y nuestra trayectoria empresarial) como para hacer una declaración de intenciones para el futuro. Hacer TRABAJOS CONSISTENTES es nuestro propósito como EQUIPO; aportar nuestros granitos de arena para que nuestro trabajo se incorpore de forma permanente al valor de las MARCAS, nuestra obligación. Debemos crear propuestas en consonancia con los tiempos, sí, pero que aporten valor de forma continuada y coherente con lo que las marcas son, congruentes con los valores que las definen.
Pienso que el primer cliente para el que trabajé fue la marca de ropa deportiva ARKAPEN. Iba a cumplir doce años y había pedido un chándal Adidas de tactel como regalo. Mis padres me dieron un paquete delicadamente envuelto y por el tacto supe que, por fin, el chándal ¡era mío! A medida que lo iba abriendo pude comprobar que el material no era el moderno tactel que arrasaba en aquella época. Ni era Adidas. En su lugar, a la altura del corazón, encontré grabada la marca ARKAPEN. Mi madre vio en mi mirada un cierto desencanto (a pesar de que no dije nada) y sentenció: «Es uno de los mejores que había en la tienda» (no añadió «para el presupuesto del que disponíamos», que era la sensata realidad). Allí me veis a mí, el primer día de gimnasia, saliendo a entrenar enfundado con mi ARKAPEN y viéndome obligado a convencer a todos mis compañeros de que, realmente, esa marca era la top y que sus tejidos estaban cambiando las reglas del juego de la ropa deportiva… ¡Vaya si lo logré! Algunos incluso buscaron por las tiendas algún ejemplar para no quedarse atrás… Obviamente no lo encontraron: se trataba, sin duda, de una pequeña marca que trataba de imitar burdamente el logo de la todopoderosa Adidas. Quizá el segundo cliente para el que trabajé fue el Seat 127 (aunque en este caso «tan solo» conseguí ponerlo a la altura del Seat 132 o del Peugeot 504), pero esa es otra historia…
Aprendí, y desde entonces he tratado de no dejar de hacerlo.
Aprendí la importancia de la persuasión, y que esta tiene otras sendas, más allá de la argumentación de los beneficios que aportan los atributos del producto.
Aprendí que la VINCULACIÓN con las marcas refuerza las valoraciones.
Aprendí que la IDONEIDAD de los atributos de un producto es importante, pero no lo es todo. Que ser diferente, tener UNICIDAD, puede ser un valor o una lacra, en función de cómo lo propongas. Que si te crees al emisor y tienes RESPETO por su mensaje, tienes gran parte del trabajo hecho. Que hacer sentir siempre es una ventaja: si logras afecto o SIMPATÍA, tu posición es más fuerte.
Desde que se creó nuestra organización siempre ha sido obligatorio observar. Respetar al consumidor, entenderlo y extraer aprendizajes. Solo de esa forma llegas a conclusiones importantes, como saber que un producto es algo que quiere ser alguien. Que quiere poseer alma para relacionarse con otras almas. De esa forma generamos los procesos anímicos de producto: nuestra ALMIFICACIÓN. Y que si estás en el mundo del consumidor, si tienes SINTONÍA con él, con su mundo, y representas sus creencias y sus valores, el nivel de vínculo se dispara.
Todos estos compromisos y aprendizajes nos han llevado a definir un, por qué no decirlo, revolucionario proceso para construir MARCAS SINTÓNICAS VINCULANTES®, lo que las hará especialmente valiosas y resistentes a la sustitución.
Entender para sorprender es el resumen de la filosofía con la que abordamos la construcción de nuestros GRANITOS DE ARENA, de territorios e ideas ganadoras. Sin entender nunca darás en el blanco. Pero sin sorprender, nunca pasará nada. Lo que no sorprende, no persuade.
Llevo casi cuatro décadas con el privilegio de observar para entender al ser humano, su comportamiento, su interior, ya sea para fundamentar estrategias para marcas o para crear, como escritor, personajes y universos de ficción. Y si algo he aprendido en este tiempo, es que toda creación es siempre la historia de una superación. Siempre se trata de lo mismo: de vencer a Goliat.
Por eso me atrevo a presumir de ser débiles (al menos en comparación con los gigantes con los que nos enfrentamos cada día), porque eso nos ha permitido desarrollar una especial inteligencia estratégica, convirtiéndonos en «buscadores de grietas y de sorpresa».
Y puestos a presumir, presumimos de querer ganar ayudándote a vencer.
Dinos, ¿cuál es tu Goliat?


